En el marco de la convocatoria Palabra 51, estudiantes de los ISFD de la provincia de Buenos Aires escriben una palabra para ampliar el diccionario «Palabras clave para una pedagogía de la memoria». En esta nota, Joaquín Pereyra, del ISFD 235, reflexiona sobre «Oprimido» a partir del pensamiento de Paulo Freire y los mecanismos de censura cultural y educativa durante la última dictadura cívico-militar, para pensar las formas de dominación y resistencia a través de la palabra.
Redacción - Actualizado 08/11/2026
Cuando pienso en la palabra “oprimido”, no pienso solamente en alguien al que le hicieron daño. Pienso en alguien al que también le fueron quitando la posibilidad de responder. Responder no solamente como contestar una pregunta, sino como poder hablar, reclamar, discutir, organizarse, expresar lo que piensa o simplemente decir que algo está mal. Por eso elegí esta palabra para pensar la última dictadura cívico-militar argentina. Porque cuando hablamos de la dictadura solemos hablar de la represión, de las desapariciones, de la censura, del miedo, de los centros clandestinos de detención. Todo eso es necesario para comprender lo que ocurrió, pero la palabra “oprimido” me lleva a pensar en qué sucedía del otro lado de ese poder. ¿Qué significa vivir cuando existe alguien que tiene la capacidad de decidir qué podés decir, qué podés hacer y hasta dónde podés llegar? Ser oprimido es, entonces, perder parte de esa capacidad de respuesta, y esa pérdida no se vive igual para todos, porque puede jugarse en distintos planos a la vez: en lo político, en lo cultural, y en algo todavía más profundo que recién voy a poder nombrar más adelante.
Para pensar esto me resulta interesante recuperar a Paulo Freire y su concepto de opresión. Freire no entiende la opresión simplemente como hacerle daño a otra persona. Hay una relación de poder en la que unos pueden imponer determinadas condiciones sobre otros y limitar su posibilidad de actuar sobre su propia realidad. El oprimido no pierde solamente una libertad concreta, también puede perder la posibilidad de reconocerse como alguien capaz de transformar aquello que está viviendo.
La censura no se limitó a los discursos políticos. También alcanzó diferentes expresiones culturales. Canciones, libros, obras de teatro y otras producciones fueron controladas, prohibidas o consideradas peligrosas. Esto permite pensar que la opresión no buscaba solamente controlar lo que las personas hacían, sino también aquello que podían conocer, escuchar, leer y expresar.
Un ejemplo puede encontrarse en la música. Durante la última dictadura existieron documentos oficiales que clasificaban canciones y artistas según su supuesta peligrosidad. Algunas canciones fueron consideradas no aptas para su difusión. ¿Qué puede tener de peligroso una canción? Tal vez el problema no estuviera solamente en lo que decía de manera explícita, sino en la posibilidad de que pudiera generar preguntas, transmitir otras formas de pensar o permitir que alguien se reconociera en una realidad diferente a la que intentaba imponer el poder.
.Pero esa intención de controlar lo que circulaba no se limitó a las canciones. También alcanzó a los libros y, con ellos, a las ideas que podían llegar a las escuelas. Uno de esos libros fue, justamente, una obra de Paulo Freire.
Durante la última dictadura, una resolución del Ministerio de Cultura y Educación (Resolución 1.541, del 17 de octubre de 1978) prohibió a los docentes utilizar o recomendar cinco libros de Freire, entre ellos Pedagogía del oprimido, y dispuso su exclusión de las bibliotecas escolares y de la bibliografía de la formación docente (Brugaletta, 2024, pp. 101-102; Jaimes Rondine, s.f.). Esto resulta especialmente significativo para pensar la palabra “oprimido”, porque es justamente a partir de las ideas de Freire que intento comprender qué significa esa palabra. El autor que me ayuda a pensar la opresión fue, a su vez, objeto de los mecanismos de censura que buscaban limitar qué podía leerse y discutirse dentro de las instituciones educativas.
En este caso, la censura no actuaba solamente sobre una persona que quisiera expresar una idea, sino también sobre quienes podían acceder a ella. Prohibir un libro implicaba limitar las preguntas que podía generar, las discusiones que podía abrir y las formas en que otras personas podían pensar su propia realidad.
Estos ejemplos me hacen pensar que estar oprimido no significa necesariamente dejar de responder. Incluso en contextos en los que el poder intenta imponer el silencio, pueden aparecer otras formas de respuesta. Una canción, un libro o una metáfora pueden convertirse en maneras de conservar una voz cuando expresarse abiertamente resulta difícil.
Freire plantea además una idea que resulta especialmente interesante para pensar la opresión: el oprimido puede llegar a “alojar” en sí mismo la figura del opresor. Esto significa que la opresión no siempre funciona solamente desde afuera. Con el tiempo, las reglas, los límites y las formas de pensar impuestas por quien tiene el poder pueden comenzar a ser incorporadas por quienes las padecen. De esta manera, una persona puede llegar a considerar normal aquello que en realidad limita su libertad, o incluso reproducir sobre otras personas algunas de las mismas formas de dominación que sufrió.
Esto permite profundizar una de las ideas anteriores: el oprimido puede perder la posibilidad de reconocerse como alguien capaz de transformar aquello que está viviendo. La opresión se vuelve más profunda cuando ya no solamente existe un poder externo que dice “esto no podés hacerlo”, sino cuando esa prohibición comienza a ser asumida internamente como algo que simplemente es así. En ese sentido, no se trata únicamente de perder una libertad, sino también de perder, al menos parcialmente, la posibilidad de reconocer que esa libertad fue limitada.
Esta idea resulta particularmente interesante para pensar una sociedad atravesada por una dictadura. El miedo y la censura podían producir límites visibles, pero también podían modificar aquello que las personas se animaban a decir, preguntar o incluso pensar en público. No todas las personas necesitaban recibir directamente una amenaza para comprender que determinadas palabras, opiniones o expresiones podían traer consecuencias. El silencio podía instalarse entonces como una forma de comportamiento cotidiano.
Sin embargo, esto no significa que todas las personas hayan vivido la opresión de la misma manera ni que hayan aceptado pasivamente aquello que sucedía. También existieron diferentes formas de resistencia y de búsqueda de espacios para expresarse. Por eso, pensar al oprimido desde Freire no debería llevarnos a imaginar a alguien sin capacidad de actuar, sino a preguntarnos cómo una situación de opresión puede limitar esa capacidad y, al mismo tiempo, qué condiciones permiten recuperarla.
Entonces vuelvo a la pregunta con la que comencé: ¿qué significa vivir cuando existe alguien que tiene la capacidad de decidir qué podés decir, qué podés hacer y hasta dónde podés llegar? Después de pensar la opresión desde Freire y de mirar lo que ocurrió durante la última dictadura, creo que no existe una respuesta única. Vivir bajo la opresión puede significar tener límites impuestos desde afuera, pero también puede significar comenzar a llevar esos límites adentro, hasta el punto de dejar de preguntarnos por qué existen. Sin embargo, las canciones que continuaron sonando y los libros que siguieron circulando —incluso los de Freire— muestran que el silencio nunca es completo. Tal vez ahí se encuentre la tensión que deja abierta esta palabra: entre aquello que el poder intenta imponer y aquello que las personas todavía pueden hacer con su propia voz. Por eso elegí “oprimido”. No solamente para nombrar a quien sufrió una forma de dominación, sino para preguntarme qué sucede con esa capacidad cuando alguien intenta quitárnosla y para reconocer que, incluso entonces, siempre queda alguna forma de sostener la propia voz.
Bibliografía
Brugaletta, F. (2024). Estrategias y tácticas en la censura editorial de Paulo Freire durante la última dictadura argentina (1976-1983). Revista Argentina de Investigación Educativa
Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.
Jaimes Rondine, M. de los Á. (s.f.). Libros prohibidos. Nunca más. Universidad Nacional de Córdoba, Facultad de Filosofía y Humanidades. https://ffyh.unc.edu.ar/libros-prohibidos/wp-content/uploads/sites/17/2012/03/texto-maria-de-los-angeles-rondine.pdf
Joaquín Pereyra
Profesorado de Educación Secundaria en Historia
Instituto Superior de Formación Docente N.° 235 — Pinamar

