Medina se dedica al telar mapuche desde hace más de diez años, y que define como una verdadera terapia. Actualmente dicta clases en la Escuela Municipal de Bellas Artes Divisadero y también en el barrio Quintanilla, donde transmite este saber tradicional a un grupo reducido de alumnas.
Las clases tienen una duración de tres horas, ya que el proceso del telar requiere tiempo y concentración. “Con una hora no alcanzamos a urdir. Primero hacemos la urdimbre con hilo o lana; puede ser tejido llano o laboreo, que es cuando se realizan los dibujos”, explica la docente.
El trabajo en telar demanda paciencia, constancia y dedicación. “Es fundamental una buena vista, una buena postura corporal por la cantidad de horas que uno está sentado, un buen uso de las manos y, sobre todo, que te guste. No es fácil, pero tampoco imposible”, señala Mirta.
Entre las piezas que realiza se encuentran fajas, toquillas para sombreros, ponchos, pies de cama y caminos de mesa, todas de producción artesanal. “Yo uso mis tejidos en las jineteadas y lo que llevo es todo artesanal, no llevo piezas de fábrica”, destaca.
Actualmente cuenta con diez alumnas, en su mayoría mujeres. “Más no se puede, porque tengo que ir explicando una por una”, comenta sobre la modalidad de enseñanza personalizada.
En el marco de las Tardecitas Culturales, la propuesta consistirá en una clase abierta junto a algunas de sus alumnas. “La idea es trabajar una toquilla para sombrero, que es una de las piezas más rápidas, al menos para que puedan comenzar y ver el proceso del telar”, adelantó.
La actividad permitirá al público conocer de cerca una técnica ancestral que forma parte del patrimonio cultural y que sigue vigente gracias al trabajo y la dedicación de artesanas y docentes locales.