Por María Gabriela González
Aunque suele asociarse al género negro, el autor aclara que su libro no responde a una estructura policial tradicional. Desde las primeras páginas se conocen a los responsables del hecho central y no hay una investigación en busca del culpable. La pregunta que atraviesa la novela es otra: no quién lo hizo, sino por qué lo hizo.
Los protagonistas —“los solos”— son tres personajes apenas integrados a la vida social del pueblo. No generan conflicto ni incomodidad, pero viven al margen de los vínculos profundos. La soledad, más que un rasgo individual, aparece como una condición compartida y profundamente humana.
La historia transcurre en un ambiente pueblerino fácilmente reconocible para quienes viven en ciudades como Ayacucho o Madariaga. “Donde hay personas, pasan cosas”, sostiene el autor, y remarca que los pueblos, lejos de ser escenarios quietos, han sido históricamente territorios fértiles para la literatura. “La soledad no es exclusiva de ningún lugar”, afirma, y recuerda aquella frase atribuida a un escritor ruso: ‘Describe tu aldea y describirás el mundo’.
La tapa del libro refuerza ese clima: un relieve de un edificio gótico de Valencia, la histórica Lonja de la Seda, donde antiguamente se reunían los mercaderes del Mediterráneo. La figura elegida, mitad humana y mitad fantástica, transmite una sensación de soledad y desesperación que dialoga directamente con el espíritu de la novela.
El proceso de escritura fue extenso y discontinuo. A diferencia de otras obras que escribió en pocos meses, Vida y muerte de los solos le llevó casi dos décadas. “La idea era muy buena, pero estaba inconclusa, y encontrarle un cierre fue lo más difícil”, explica. En ese recorrido, la formación como historiador aparece inevitablemente, filtrándose en la ficción a través de referencias, climas y miradas sobre lo social.
La novela será presentada en el Museo Histórico del Tuyú, un espacio significativo para el autor, que ya ha compartido allí trabajos anteriores. Para Pablo, la escritura no se completa sin el encuentro con los lectores. “Si uno no comparte lo que escribe, pierde sentido”, sostiene. La presentación incluirá una introducción a la trama y un intercambio abierto con el público, con la intención de generar una charla viva y participativa.
“Madariaga es una ciudad con la que yo tengo una muy buena relación desde hace mucho tiempo, conozco mucha gente, he venido muchas veces al pago gaucho. Incluso, el libro “Entre miles, diez cosas” lo presenté en Madariaga en este mismo lugar en el Museo Histórico del Tuyú…Hay que pensarlo, hay que escribirlo y después hay que llegar hasta el lector sino el trabajo no tiene sentido. En eso agradezco la gentileza que tiene la gente del Museo del Tuyú o de otras tantas instituciones que siempre están dispuestas a abrir las puertas para que uno pueda mostrar lo que hace, pueda contar lo que hace”, concluye el escritor.
La presentación se realizará el miércoles 28 de enero a las 20 horas, en el Museo Histórico del Tuyú, ubicado en Martínez Guerrero 1649, en el marco del ciclo Las Tardecitas del Museo. La actividad es libre y gratuita abierta al público y propone un encuentro cercano entre el autor y los le
ctores.