El operativo sanitario se concretó con éxito este martes pasado y permitió que los órganos de una joven fallecida viajen hacia pacientes en espera de trasplante.
En una operación que combinó precisión médica, logística y profundo valor humano, el sistema de salud de la región llevó adelante este martes el exitoso traslado de órganos desde el Hospital de Mar de Ajó hasta el aeródromo de Santa Teresita, en un procedimiento que devuelve la esperanza a varias personas que aguardan un trasplante.
Fuentes consultadas por FM La Marea confirmaron que el operativo se desplegó durante la tarde, bajo un estricto cordón sanitario que involucró a personal de salud, fuerzas de seguridad y equipos de emergencia. El rápido desplazamiento por la Ruta 11 fue posible gracias a la coordinación entre los distintos actores, que garantizaron la cadena de frío y los tiempos críticos para la viabilidad de los órganos.
Una vez en el aeródromo de Santa Teresita, los órganos fueron abordados en un vuelo sanitario con destino a centros de alta complejidad, donde serán implantados en pacientes que llevaban largos meses en lista de espera. Cada minuto fue clave, y el dispositivo funcionó con la precisión de un reloj.
Detrás de esta logística hay una historia de dolor convertida en generosidad. El operativo fue posible gracias a la decisión de la familia de Ivana Guzmán, la joven de San Clemente del Tuyú que falleció tras el grave accidente ocurrido el domingo por la noche. En medio de la pérdida irreparable, sus seres queridos optaron por el gesto más alto de solidaridad: donar sus órganos para que otras vidas sigan latiendo.
'Es un ejemplo de humanidad en el momento más difícil', señalaron desde el equipo sanitario a FM La Marea, destacando que sin esa decisión familiar, el operativo no habría sido posible. El caso de Ivana conmueve a toda la comunidad costera, pero también enciende una luz de conciencia sobre la importancia de la donación de órganos.
Desde el sistema de salud provincial remarcaron que este tipo de traslados se realizan con estrictos protocolos, pero que el factor humano —tanto de los profesionales como de los donantes— sigue siendo el eje central. El éxito de esta jornada no solo se mide en kilómetros recorridos o minutos cumplidos, sino en las vidas que, gracias a este acto, tendrán una segunda oportunidad.
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