30/03/2024 - ENTREVISTA PRIMERA PARTE
Encuentro con Julio Herrera Vidal, ex combatiente de Malvinas

El próximo martes, se conmemora el 42º aniversario del comienzo de la guerra de Malvinas. En homenaje a la gesta, nuestra colaboradora, Ana Lía Bereilh, entrevistó al ex combatiente, vecino de Pinamar, quien realiza un crudo relato de lo vivido en abril de 1982




 


 


 


(Por Ana Lía Bereilh, especial para EL MENSAJERO). Cuando aún estoy saboreando las mieles del afecto recibido en Madariaga por “Julia, la chica que tocaba Para Elisa” reaparezco con otra historia. La diferencia es que esta, no es ficción, es verdadera. La casualidad ha querido que el personaje real se llame Julio y cada uno de nosotros meros espectadores de una película de la que nos fueron cambiando escenas para nuestro disgusto y que terminó con un final que no figuraba en el guión.


 


Una historia que será contada desde las entrañas, por uno de sus protagonistas que con tan sólo 19 años y su incredulidad se encontró en el medio de una guerra declarada por alguien desde un escritorio, sin tener en cuenta los medios con que se disponía y en consecuencia, el desastre y los muertos que iba a haber.


Era el año 1982 y la Guerra de las Malvinas.


 


Después de más de 40 años y justo el día que regresaba a España tuve la grata sorpresa de recibir la llamada de un ex alumno de la Escuela Secundaria de Pinamar y después del IABG (Instituto Anna Böttger) de Villa Gesell. La alegría fue mayúscula y quedamos que seguiríamos en contacto. Estoy hablando de Julio Herrera Vidal que no sólo es ex alumno, es ex combatiente de Malvinas.


Si bien soy de las que quiero que la guerra no exista ni en los libros, al estar frente a alguien que la vivió de adentro, le pregunté si era capaz de contarme lo que había vivido allí y cómo. Debo decir que tuve que interrumpir varias veces al escucharlo, ni mi estómago ni ninguna parte de mi ser estaban preparados. El miedo, el dolor y la angustia se me metieron en el cuerpo.


 


Julio, hijo de Coco y Mecha, tiene hoy 61 años y vive en Pinamar. Comparte su vida con Laura y tiene dos hijos: Juan Ignacio y Maia. Ellos y ayuda profesional unidos a su fuerza y al apoyo de antiguos amigos y ex combatientes ingleses han hecho que pueda salir adelante. Ha sido su lucha diaria y lo sigue siendo. No decae, sigue poniéndose objetivos a futuro. Como debe ser.


 


Empezamos nuestra conversación.


 


ALB ¿Quién no se acuerda de aquella mañana del 2 de abril de 1982 en la que nos despertamos sintiéndonos que al fin habíamos recuperado las Malvinas, las que legítimamente eran nuestras por haber sido avistadas por Esteban Gómez (desertor de la expedición de Magallanes) en el año 1520 y después usurpadas por Gran Bretaña en 1833? El pueblo argentino una vez más lo celebraba como si hubiese ganado un Mundial de Fútbol. Tú, Julio, ya sabrías de esto porque vendríais preparándolo desde varios meses atrás.


 


JHV No. Yo estaba haciendo el servicio militar en la Fuerza Aérea Argentina, en la Base Aérea Militar de Mar del Plata. Tenía 19 años y llevaba 4 meses de instrucción. Fue una SORPRESA TOTAL. Me levantaba todos los días media hora antes que los demás para ir a la oficina de la Jefatura de Artillería y vino un compañero nuestro de la Base, no de Artillería, con una radio “Spica” ¿te acordás? La chiquitita, la cuadradita y dice “tomaron las Malvinas”. Yo a mi compañero Jorge García le dije una sola palabra “cag…”. Fuimos caminando hasta la Jefatura que quedaba un kilómetro y medio y cuando llegó mi jefe se armó un terrible despelote, un caos total, un día de locos.


 


Espera, espera…¿Me estás diciendo que se enteraron el mismo día por radio como nosotros?


Al menos, la gente donde yo estaba sí. A partir de ahí, esa noche nos vinieron a buscar a la barraca a las 3 de la mañana, era el 3 de abril. Estábamos despiertos, nadie podía dormir, sabíamos que íbamos a ser desplegados y nos dijeron “vestirse con ropa nueva de combate y “encolumnarse” a sala de armas para retirar equipo de movilización”. Así empezó, nos llevaron sin decirnos adonde. Íbamos con los camiones y los cañones sin saber adónde.


 


A ver, pero le habrás tenido que avisar antes a tus padres ¿Cómo se los comunicaste?


Noo. No te lo permitían, yo pude hacerlo porque fui un privilegiado por estar en Jefatura de Artillería. Me dejaron ir al centro y llamar desde allí, pero tenía que llamar a la Base cada media hora por si me necesitaban. Mi familia por supuesto, imagínate, se prepararon para irme a despedir, iban a pasar a buscar a una novia que tenía en ese momento pero no alcanzaron, en la segunda de esas “medias horas” que debía llamar a la Base me dijeron que volviese ya. Tuve que llamar a mi papá para decirle que no viniesen. Que creía que nos llevaban al sur.


 


No quiero pensar en la desesperación de tu familia pero me voy a centrar en ti, que al final eras el que lo iba a llevar peor. Estarías muerto de susto ¿Pensabas en tu familia y en tu novia casi continuamente?


Sí, yo pensaba en mi familia, mis amigos y mi novia. Después cuando íbamos en los camiones el cariño de la gente que nos aplaudía y nos aclamaba en la Ruta 2 nos alentó mucho y nos fue quitando el miedo que tuvimos al principio. La inocencia y la locura de la adolescencia no nos hacía dar cuenta de lo que íbamos a vivir. Cuando paramos en el ACA (Automóvil Club Argentino) de Dolores a cargar gasoil la gente nos regalaba galletitas, yerba, tortas.


 


Llegasteis a la VIII Brigada Aérea de Moreno y ahí ¿qué pasó?


Estuvimos diez días y después del domingo de Semana Santa vinieron y nos dijeron “Nos vamos al sur, nos vamos al sur” y nosotros ¿a dónde? “Calle la boca soldado y suba al avión”. Bue… Así llegamos al Aeródromo de Santa Cruz y era un páramo, no había nada, sólo una torre de control chiquitita de unos diez metros de altura, un galpón mediano y había que organizar la Base. Ni árboles había en esa meseta. Y bueno, empezamos a construirla, había que hacer pozos, llevar los cañones, ponerlos en batería, hacer pozos especiales para poner las carpas bajo tierra, un trabajo de locos. Tuvimos que ir a buscar una pala mecánica al Puerto porque el suelo de ahí es roca, es turba, es duro, es difícil y está congelado. Fue una época difícil hasta armar toda la Base y después empezaron a llegar los aviones con soldados del ejército. Era una ciudad. De noche era una quietud, todos de guardia, a oscuras. Nadie podía ni fumar al aire libre porque le disparaban.


 


Era finales de abril y ya mayo. Me hablas de la dificultad del terreno y de la falta de elementos para trabajar ¿Y ya hacía frío? porque también tenía que ser otro factor en contra.


Hacía un frío impresionante. Tuvimos que levantar carpas para cocinar porque era imposible al aire libre. Me acuerdo que el día más frío fue a 29 bajo cero porque un compañero que era el que les hacía el desayuno a los pilotos, les entregaba el casco antes de volar desinfectado, también controlaba la meteorología y lo recuerda bien. Diez o quince bajo cero y con viento, todos los días.


 


¡Madre Mía! ¿Y teníais ropa adecuada para soportar semejante frío? Porque si aquí en Pamplona cuando estamos a cinco bajo cero salimos a la calle que sólo se nos ven los ojos ¿cómo podíais aguantar eso?


Creo que porque vivíamos como pordioseros, con miedo, mugrientos, sin agua, sin baño, sin papel higiénico. No había una canilla en toda la base. Estaba todo congelado. Te olvidabas del frío por el susto. Corríamos de un lado a otro haciendo de todo, En 74 días me bañé dos veces. La ropa estaba tan sucia que rebotaba el agua.


 


Te haré una pregunta íntima. Si no quieres, no te obligues a contestármela. Me dices que no teníais baño ni tampoco agua ni papel higiénico. Los varones lo tenéis un poco más fácil que nosotras para hacer pis pero para lo otro, tenemos la misma dificultad ¿Cómo hacíais?


Claro que te la voy a contestar. Ibamos y cag… donde podíamos y al no haber agua ni papel higiénico nos limpiábamos con nuestras manos que después teníamos que comer. Imaginate lo que era eso. Después empezaron a llegar revistas que una vez leídas las guardábamos para limpiarnos. Horrible, una vida horrible, imagínate lo que éramos nosotros. Había una sola canilla en toda la Base y estaba congelada, no había manera de sacar agua. Nos daban de tomar Coca Cola. Era el año en que habían salido las botellas descartables de dos litros.


 


Sí, lo imagino pero no quiero ni pensarlo ¿Y no teníais agua para nada?


Sí, con la poca que nos daban teníamos que intentar que no se nos congelara porque con esa tomábamos mate ¿Sabés cómo la calentábamos? Yo conocí a Claudio Gervai, uno de los pilotos civiles convocados de empresas como la de Amalita Fortabat y muchas otras que prestaron sus pilotos y sus aviones. Le decíamos “El Chavo” porque era igual al personaje de TV, era amigo del dueño de Bram-Metal ¿te acordás de los calentadores esos que andaban a kerosén? Me mandó 24 calentadores el viejo y lo usábamos con el JP1 que es un kerosén parafinado que no explota y aunque no caliente tanto, al menos podíamos tomar mate. A mí me los donó este viejo divino que por desgracia cuando quise agradecérselo fue tarde, llamé a la fábrica y había fallecido. Al tiempo los hijos me enviaron un mail hermosísimo que me hizo llorar. Al poco tiempo recibí un anafe de su parte ¿viste esos que funcionan con garrafita? En casa lo usamos en honor a él.


 


¿Y cómo era el trato por parte de los jefes al ver la vida que llevabais?


Eso sí, nos trataban bien porque éramos los que le defendíamos las espaldas a los soldados, oficiales y suboficiales. A mí me tocaron buenos jefes. Con algunos seguimos en contacto. Mi jefe de cañón hasta antes de morirse me enviaba audios recordándome que no debíamos quedarnos quietos, que debíamos unirnos y reclamar por nuestra causa.


 


Claro quelo debéis hacer. Por supuesto. Lo habéis ganado como el resto de combatientes.


 


En la siguiente edición, hablaremos con Julio sobre el combate y del reconocimiento por el que luchan los ex combatientes de la Fuerza Aérea


 


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