Mientras se esperan peritajes forenses y psicológicos, el exesposo de la imputada declarará como testigo clave. Los antecedentes familiares y la muerte de dos hijas anteriores ponen en el centro la hipótesis del dolo.
El caso Isabella suma nuevas aristas mientras la fiscalía a cargo del doctor Juan Pablo Calderón avanza en la investigación para determinar si la acusación contra la madre de la niña fallecida puede ser elevada de abandono de persona seguido de muerte agravado por el vínculo a homicidio agravado por el vínculo, figura que contempla la pena de prisión perpetua.
Para sostener esa imputación más grave, la causa aún debe incorporar más peritajes forenses, la ampliación del informe de autopsia y la intervención de peritos psicólogos y psiquiatras que evaluarán a la mujer detenida.
En ese marco, el fiscal Calderón citó a declarar como testigo al exesposo de la imputada, Picart, padre de dos niñas fallecidas en el pasado. Su testimonio no se centraría en el accionar directo sobre Isabella —hija del actual matrimonio con Héctor Aguirre— sino en los años compartidos con Sosa y la historia de los hijos que criaron juntos. De esos dos hijos que murieron, los restantes fueron retirados por la Justicia y dados en adopción.
La investigación también reconstruyó las horas previas a la muerte de Isabella. Aguirre, el padre de la nena, no estaba en la casa al momento del fallecimiento: había salido a retirar unos bonos de la obra social para compras destinadas a la fiesta de los tres años que la nena cumpliría esta semana. Regresó a las 16.45, según testigos y cámaras de seguridad. Los médicos del Hospital Municipal de Villa Gesell recibieron a Isabella sin signos vitales y realizaron maniobras de reanimación durante casi una hora, hasta las 17.53. La estimación indica que la niña murió entre las 16.15 y las 16.30. Aguirre relató que al llegar encontró a la nena en la cama, sin pulso, y a su mujer inmóvil.
Una de las hipótesis que se busca probar es que la mujer pudo haber provocado algún tipo de asfixia en su hija, basándose en antecedentes de presunto Síndrome de Munchausen, que la llevaría a generar problemas de salud en los niños para luego recurrir a atención médica y asumir el rol de cuidadora. Picart, el exesposo, sostuvo que esa conducta era recurrente con los hijos compartidos: “Yo iba a trabajar y me llamaban que alguno estaba internado”, afirmó, y aseguró que “siempre pasó mientras yo no estaba en casa”. En ese sentido, entiende que Sosa pudo haber matado a sus hijas Candela y Yazmín.
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Sosa fue detenida el pasado martes, cuando la causa pasó de averiguación de causal de muerte a la calificación de abandono de persona seguido de muerte agravado por el vínculo. Citada a indagatoria, por recomendación de su defensor optó por el silencio.
Ayer la investigación se desarrolló en dos escenarios: en Villa Gesell y en Mar del Plata, donde declaró Lucas Ruiz, hijo varón mayor de Sosa, que fue dado en adopción a los tres años, coincidiendo con la muerte de Yazmín y la detención de su madre junto a Picart. También prestaron declaración su madre adoptiva y la abogada Erika Hooft, quien acompañó aquel proceso de adopción. Sobre esos testimonios, que refieren a otra etapa de la vida de Sosa, trascendió que aportaron “mucha información” y que “puede ser un escándalo”.
Hooft, además, aseguró a la prensa que sería necesario avanzar hacia la etapa previa a la llegada de Sosa a Mar del Plata, y puso el foco en Formosa, su lugar de origen. Allí, dejó abierta una línea investigativa sobre si la mujer usaba niños para transportar droga.
