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¿Messi o Maradona, y vos de qué lado estás?
08/03/2026

(Por Sebastián Reinaga) No hay fenómeno más actual que la pulsión tribal que nos obliga a tomar posiciones extremas y urgentes ante todo por el miedo a ser llamado "tibios". Ahora si dudas "no existís". 

Daniel Molina, uno de los pensadores más lúcidos que habita las redes y distintos medios, sostiene que uno de los problemas más relevantes que atraviesan las sociedades actuales es el fenómeno de la “tribalización”. “La tribalización más popular en la Argentina es lo que llamamos la Grieta: se constituyeron bandos político-ideológicos absolutamente enfrentados, en los cuales cada miembro de un grupo considera a cada miembro del otro grupo (y al conjunto del otro grupo) como lo malvado en sí mismo”, reflexiona el ensayista y crítico literario. Y en las últimas horas presenciamos un nuevo capítulo de esta pulsión tribal que apela siempre más a la emocionalidad que a la razón para opinar sobre la realidad que nos rodea. ¿Messi o Maradona? Y vos, ¿de qué lado estás? 


El pasado jueves Lionel Messi encabezó el plantel de Inter Miami en su visita al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. Como era de esperarse, la foto tardó segundos en girar por todo el planeta. Cabe admitir, nobleza obliga, que la imagen es, al menos, fuerte: el capitán de nuestra selección que en su momento se negó a llevar la Copa del Mundo a la Casa Rosada, ahora lucía con una sonrisa en el rostro dándole la mano al mandatario estadounidense en medio de un contexto global atroz del que el jefe de Estado es gran responsable. Como dice Eduardo Sacheri en su notable cuento sobre Maradona, este hecho, ¿es suficiente para condenarlo a la parrilla perpetua de los infiernos? 


Y como una inmediata reacción, las redes comenzaron a llenarse de imágenes de Diego Armando Maradona, solo o con distintas personalidades de la talla de Fidel Castro o Nicolás Maduro. La tribalización viaja a la velocidad de la luz. A veces, parece, que las audiencias están más preparadas para reaccionar que para masticar la multiplicidad de información que les llega. ¡Hay que tomar posición y ya, no hay tiempo para elegir un bando! En cambio, las posiciones que buscan un tanto más de profundidad de la que le ofrece la superficie de los discursos son llamadas al instante como “tibias”. Un término impreciso, que, por estas tierras, puede agrupar desde Alberto Fernández,  Lionel Messi, o a cualquier hijo de vecino que no exprese su sentencia inamovible sobre algo, sepa o no del tema. Ya no hay lugar aquí para Descartes, ahora si dudas no existís. 


Y términos de la comparación entre Messi y Maradona es interesante leer lo que escribió un querido amigo desde el sitio de Instagram de Zonceras Abiertas, “Messi no es Maradona. No solo porque no quiere sino porque no puede. No le alcanza para eso. Messi es una leyenda y un icono institucional del ‘sistema fútbol’. Maradona, un fenómeno cultural que lo desborda, y desborda también a los puritanos. Ambos son argentinos, en un país lleno de matices y pliegues indomables”. 


Quien escribe estas líneas no pasa mucho tiempo sin emocionarse hasta las lágrimas cuando ve algún video de Diego y lo lloró por días como a un familiar cuando partió físicamente; y, al mismo tiempo, se siente cada vez lejano de las posiciones que toma Messi y esta generación de futbolistas. Pero, entiende también, que es fácil pedir rebeldía detrás de un teclado o romantizar un pasado para denostar el presente. Esa acción binaria no es más que una catarsis para expulsar frustraciones propias. El capitán de nuestra selección nunca demostró o aparentó ser otra cosa de lo que es. La exaltación de su figura más allá de un campo de juego corre por cuenta nuestra, no tiene responsabilidad alguna en responder a nuestras expectativas. Y Maradona será por siempre un ídolo popular mundial inalcanzable. Tal vez, el único ser humano que experimentó ser un mito viviente.


Un matiz para reflexionar sobre este dilema sea pensar en el concepto de la “representación”, y ver a quién representa uno y a quién representa otro. Pero eso no implica que sus figuras sean necesariamente antagónicas. Dejemos, por un momento al menos, de pensar como integrantes de tribus, que sólo buscan dicotomizar todo con el de la vereda de enfrente. O si lo hacemos, respiremos y tomémonos un tiempo prudencial para sentar una posición.  “También debemos aprender a ser más autocríticos con nosotros mismos y menos indulgentes con los de ‘nuestro bando’”, sostiene Molina al respecto.


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