En el marco de la convocatoria Palabra 51, estudiantes de los ISFD de la provincia de Buenos Aires escriben una palabra para ampliar el diccionario "Palabras clave para una pedagogía de la memoria". En esta nota, Luciana Elizabeth Giuliani, del ISFD N.º 235, reflexiona sobre 'Miedo' a partir de la historia de su madre en Chaco y de la investigación "La cartografía del silencio de Pinamar".
Redacción - Actualizado 12/10/2026
Miedo
No es lo mismo tener miedo a morir que vivir con miedo a que te maten.
Pienso en no poder vivir tranquila ni salir sin pensar en lo que te puede pasar a vos o a tus seres queridos. En tener que estar en estado de alerta. Para mí, el miedo tiene que ver con eso, con sentir que algo puede pasar y que eso termine cambiando tu manera de vivir. Aunque haya pasado mucho tiempo desde lo que pasó, el miedo puede seguir ahí, incluso cuando la situación que lo provocó ya terminó.
Cuando empecé a leer las cincuenta palabras, daba por hecho que “miedo” iba a estar. Me pareció muy raro no encontrarla, porque cada vez que leía una de las palabras del listado pensaba en el miedo que seguramente sentían. Es la primera palabra que me resuena cuando escucho hablar de la dictadura, del 24 de marzo o de las Abuelas de Plaza de Mayo. Entre tantas palabras distintas, en mi cabeza aparecía lo mismo, miedo. Entonces empecé a pensar por qué para mí estaba tan presente.
Me acuerdo de un viaje con mi mamá. En medio de la conversación, empezó a contarme la historia del marido de una señora que conocía. Ese comentario despertó mis ganas de saber más. Le pregunté cómo había vivido ella esa época, qué sentía y cómo era la vida cotidiana.
Mi mamá es de Chaco y me contó que en ese momento vivía en un campo alejado. No había presenciado directamente las situaciones de las que hablábamos, pero recordaba el miedo de mis abuelos, el estado de alerta en el que vivían constantemente y el miedo que eso también generaba en ella y en mis tíos. Entre tantas cosas que me contó, me decía que a cierta hora ya se quedaban adentro. También me contaba cómo les llegaban relatos sobre personas que habían desaparecido.
Eso de quedarse adentro me quedó dando vueltas. Era una forma de cuidarse, pero también mostraba cómo el miedo iba cambiando lo que podían hacer. Vivir lejos no alcanzaba para sentirse seguros. Lo que les pasaba a otras personas también entraba en esa casa por medio de las historias que escuchaban. Ahí el miedo ya estaba haciendo algo en sus vidas, les hacía cambiar sus costumbres por miedo a lo que podía llegar a pasarles.
.Después seguimos hablando de lo que le había pasado al marido de esta señora, que fue lo que más me impactó de la charla. Mi mamá me contó que lo habían tenido secuestrado mucho tiempo y que en un momento logró escaparse. Se escapó y volvió con su familia. Uno piensa que ahí terminó todo, que ya está, que pudo volver. Pero no. Según me contaba ella, lo seguían persiguiendo, tenía miedo, no podía vivir tranquilo.
No conozco todos los detalles de su historia. Quedó esa idea de que había logrado escaparse y volver con su familia, y de todos modos seguía viviendo con miedo. No poder estar tranquilo en tu propia casa, seguir pendiente de que puedan encontrarte, no poder hacer tu vida. Eso fue lo que me hizo pensar que escapar no siempre significa sentirse a salvo.
Hace poco, en un conversatorio de la materia, volví a pensar en esa charla. Estudiantes del Profesorado de Geografía presentaron La cartografía del silencio de Pinamar, una investigación realizada en el ISFD N.º 235 sobre espacios y memorias locales vinculadas con la última dictadura. El trabajo recuperó entrevistas orales, documentos y lugares de Pinamar relacionados con la historia reciente, buscando hacer visibles memorias y espacios que habían quedado silenciados.
Durante el conversatorio, los estudiantes contaron que se habían encontrado con personas a las que todavía les costaba hablar sobre determinadas experiencias porque el miedo seguía presente. Eso me llamó la atención porque habían pasado muchos años y, sin embargo, el miedo todavía aparecía en la decisión de hablar o de no hacerlo.
El miedo no aparece solamente en lo que una persona hace o deja de hacer. También puede aparecer en lo que cuesta contar, en los silencios y en la forma en que algunas experiencias siguen presentes con el paso del tiempo.
Lo que me contó mi mamá paso en Chaco y la investigación del conversatorio se hizo en Pinamar. Son lugares distintos, pero en los dos casos el miedo aparece relacionado con las memorias de lo vivido. Eso me hizo pensar que el pasado reciente también puede seguir presente en las personas, en los silencios y en los lugares donde vivimos.
Como dice Sara Ahmed en su libro La política cultural de las emociones, en el capítulo 3, “La política afectiva del miedo”, el miedo puede aparecer ante un daño que todavía no ocurrió, pero que pensamos que puede pasar. Aunque sea un peligro que vemos en el futuro, el cuerpo siente el miedo en ese momento. Esto me hizo pensar en ese estado de alerta que contaba mi mamá, en cómo la posibilidad de que algo les pasara ya cambiaba su manera de vivir.
Trabajar el miedo en la enseñanza del pasado reciente implica reconocer que no se trata solamente de una experiencia del pasado, sino de algo que puede permanecer en las personas y en las comunidades. Por eso, enseñar la última dictadura también supone generar condiciones para escuchar las memorias y los silencios que la atraviesan, sin exigir que todas las personas cuenten lo vivido. Escuchar, respetar los silencios y comprender que recordar puede ser doloroso también forma parte de enseñar memoria.
El recuerdo de mi mamá y lo que escuché en el conversatorio reforzaron la idea de que el miedo no termina solamente porque pasen los años o porque haya terminado el acontecimiento que lo provocó. Puede seguir estando en las cosas que una persona deja de hacer, en vivir pendiente de que algo pueda pasar o en lo que no se anima a contar. También puede aparecer en los silencios y en la manera en que recordamos lo vivido.
Recordar todavía puede doler, todavía puede paralizar el cuerpo, todavía puede dar MIEDO.
Luciana Elizabeth Giuliani
1.er año de Historia
ISFD N.º 235

