Pinamar (por Sergio Michnowicz).- El presbítero Marcelo Panebianco terminará su misión pastoral en esta ciudad, tras más de 11 años como párroco en Nuestra Señora de la Paz, destacando que es la primera vez que permanece tanto tiempo en una misma parroquia. Esta permanencia prolongada le permitió desarrollar vínculos profundos y significativos con la comunidad, comparables a los lazos familiares.
Detalles
“Llegó el día, una lástima” comentó el padre Marcelo a El Mensajero. “Hace 11 años y pico que estoy acá, y hace rato que el obispo me dijo de cambiar. Había intentado hace más de un año él, pero en septiembre del año pasado me dijo que tenía que cambiarme, que hacía falta cubrir ahora Balcarce -adonde voy- porque había una necesidad. Y uno acepta con gusto también, y se empieza a hacer la idea.”
“Es la primera vez que estoy así tanto tiempo en un lugar. Las otras dos veces fueron en dos parroquias anteriores, donde estuve 6 años casi, y estuvo muy bien. Pero ahora es como que el vínculo se va desarrollando de otra manera, ¿no? Como en una familia, con papá y mamá, y que andamos bien, mal, con todo, pero es el estar, sí. Y el vínculo que a veces es tan importante, más allá de las distintas cuestiones que se puedan hacer, ¿no?”
¿Qué te motivó ser párroco y cómo lo tomó la familia?
El servir a Dios en el sacerdocio. El párroco es una función, una tarea específica dentro del sacerdocio. Fue el ir descubriendo a Dios de nuevo, Mi familia, bastante religiosa. Y típico de la adolescencia, uno se aleja un poco. Empecé a ver distintas actividades, mi profesión más bien técnica; ingeniero quería ser, industrial. Después empecé a retomar la vida parroquial de los grupos, y dije hacer algo más humano, más dirigido a la persona.
“Y dentro de eso, justamente el descubrir a Dios y decir bueno, el Dios del servicio al hombre es el más amplio, ¿no? Porque uno se encarga de todo y de lo último, último, es decir, de la vida eterna; de a dónde vamos y lo definitivo. Y ahí, en la vida espiritual, muy simple. Es decir, el trabajo en la parroquia, el grupo de jóvenes, misión, catequesis, retiros para jóvenes.
¿En dónde estuviste?
En la Catedral de Mar del Plata. Fui viendo que eso me llenaba. Es como te pasa en realidad, el descubrimiento de una vocación, de un trabajo o del enamoramiento, ¿no? Lo vas descubriendo y vas viendo que eso no era simplemente un berrinche mío, sino que misteriosamente -y con la ayuda justamente del padre Pablo (Echepareborda) también- ver que sí, que podíamos y que Dios me estaba llamando a esto.
¿Tenés hermanos?
Somos 6. Uno falleció cuando yo estaba en el último año antes de entrar al seminario. Ellos son más grandes, porque mi papá quedó viudo con 5 hijos, después se casó con mi vieja, y después me tuvieron. Así que soy, como decía mi viejo, primo 6º, el 1º y el 6º, el último (risas). Ellos son más grandes que yo. Mi hermano falleció en un accidente a los 30 y pico de años. Somos 4 varones y una mujer.
Los chistes a la orden del día, ¿no? Eso de tener un hermano cura...
Claro, un hermano cura y algunos dicen uno vivo (risas). Pero el acompañamiento fue bueno. Primero no fue que se entusiasmaron tanto, porque yo les dije que iba al seminario en la Nochebuena del año antes de entrar, es decir, cuando terminaba 5º año de la escuela, a los 17. Mi hermano mayor, que es mi padrino de bautismo, me dijo bueno, cuando se te pase, te voy a buscar (risas). Así que todo bien, hace dos domingos vinieron acá, hicieron una comida como despedida del lugar también.
Misionar sin descanso
Antes de llegar a Pinamar estuvo en otras parroquias con distintas características. “Aquí sin dudas es mi lugar, pero en cada sitio uno va viendo. Me pasa que estoy en un lugar, me meto y me gusta. Igualmente de joven, cuando retomé, fui a Catedral, ¿no? Empecé en los grupos de ahí. Y estuve hasta ser vicario parroquial 15 años seguidos, entre seminario y todo, en Catedral.”
“Entonces era mi casa, estaba muy ahí, y era muy fuerte eso. Después mi primera parroquia fue en Santa Rita de Casia, y ahí no conocía nada. Era Mar del Plata, pero después uno empieza a estar en ese lugar, y me sentía supercómodo. Y una cosa que me llamaba la atención es que volví a Catedral a misa, y miraba el templo como diciendo, ¿y esto? Ay, qué raro, ¿no? Y pensar que antes para mí no había otro lugar.”
“Es como que la oración y la eucaristía se va haciendo bien concreta con el mismo lugar y con la gente donde estás, ¿no? Y eso va pasando. Después fui a la Parroquia de la Asunción de la Santísima Virgen, que era la parroquia histórica de mi familia, donde se casaron mis padres, un montón de cuestiones ahí. El pedido incluso de mi madre por tener un hijo, consagrarlo a Dios y ofrecerlo a él en ese lugar. Y después, por casualidad, sin que nadie sepa esto, voy de párroco. Fue muy significativo, porque estar en ese mismo lugar que formó parte de mi existencia fue muy importante.”
“Cada lugar tiene lo suyo, y Pinamar fue donde más tiempo estuve, 11 años y medio. El lugar es hermosísimo por la gente, la cantidad y la diversidad que hay, las posibilidades, así que es muy entretenido, muy desafiante. Así que es muy lindo, y eso me ayudó un montonazo y en mi vida sacerdotal.”
Vas a cambiar el mar y el bosque por las sierras...
Claro. Estuve siempre en Mar del Plata, más o menos en la costa, y acá, plenamente. Y ahora la sierra, está bueno y me resulta interesante. El lugar es hermoso, la sierra de Tandil y Balcarce es muy linda. Y después hay una idiosincrasia distinta.
“Es decir, una comunidad muy antigua, porque Balcarce es anterior a Mar del Plata. Los primeros bautizados de Mar del Plata están anotados en la parroquia San José de Balcarce; es más vieja, de 1870 hay libros de bautismo. En mayo cumplió 140 años. Después está el tipo de vida, más rural, con mucho movimiento, con trabajo gracias a Dios, y con menos migración. Entonces, como que hay una identidad más propia y hay que ver eso.”
“Algunos me dicen que voy a estar más tranquilo allá. Puede ser, siempre hay cosas. Pero lo que me da la impresión es que, tal vez el ritmo, al no tener el tema de turismo, es más ordenado, qué sé yo, como decirlo, ¿no? Pero no sé, después veremos.”
“En todo el partido de Balcarce hay tres parroquias. La grande es la San José, donde vivimos, pero después está la parroquia Santa María, en una parte de la ciudad, y la parroquia Sagrada Familia. También abarca el paraje Ramos Otero y el barrio ya grande, que está creciendo un montón, de la laguna La Brava, que es la parte más por ahí turística. Así que Balcarce es grande y hay que ir para todos lados.”
¿Qué te quedó pendiente de hacer en Pinamar?
Muchísimas cosas. Porque todo lleva mucho tiempo. Por un lado, el desarrollo, crecimiento y todo, de muchas actividades y de las vidas de las personas, el desarrollo espiritual, la formación del grupo, los retiros, y que todo eso siempre falta. Y uno con todas las cosas siempre se queda corto, es decir, falta estar más en cada cosa.
“En ese desarrollo, igual están muy contentos con eso. Y después proyectos de reformas, de construcción y arreglos, más vale. De seis iglesias, hay una más, siete en Pinamar, con todos los salones y todo lo que implica -cualquiera sabe- lo que es el mantenimiento en la costa. Entonces, siempre estás atrás, por todo lo que hay que hacer, por el dinero que hay disponible. Pero estoy supercontento con todo lo que se hizo.”
Este domingo 28 de Junio a las 11.30 horas dará su última misa con un posterior almuerzo en la Sala Parroquial. Y el domingo 5 de julio, a las 17 horas, viene el nuevo párroco junto al obispo de la Diócesis de Mar del Plata, Monseñor Ernesto Giobando, que lo pondrá en posesión del lugar al padre Gastón Buono.
Finalmente, el padre Marcelo agradeció a los medios “por todo el acompañamiento y la presencia tan disponible, atenta y anticipada en todas las actividades de la parroquia para defenderla. Muchas gracias por el servicio que nos hicieron siempre. Gracias, y que
Dios los bendiga.”
26/06/2026